El tema de trabajo sobre el que propongo a los miembros de la Aiempr reflexionar es suficientemente amplio para permitir a los grupos nacionales y a los individuos espacios de reflexión diversificados. En este marco se podrán organizar los trabajos de los grupos, los coloquios regionales y el próximo congreso internacional, que tendrá lugar dentro de cuatro años, en 2013, en Asís, y cuyo tema preciso será definido en el 2011.
Con ocasión de los diferentes congresos de la AIEMPR, hemos tratado la noción de identidad: en el congreso de (Argentina) en 2001, con el tema « Identidad y hecho religioso »; en el congreso de Granada (España) en 2003, con el tema « Género y Religión: masculino-femenino y hecho religioso ».
La noción de identidad, pues, ha sido considerada de diferentes maneras y yo no quiero proponer que volvamos sobre ella sino, más bien, preguntarme por lo que hay « más allá de las identidades », más allá de la « identidad ».
Mi idea – que ciertamente hay que profundizar – es la de proponer para la discusión la superación de la referencia a esta noción, que corre el riesgo, por una parte, de convertirse en un sinsentido científico por haber sido demasiado utilizada; por otra parte, esta noción transmite la idea de una rigidez cultural y psicológica que dificulta la comprensión de la cultura en cuanto realidad fluida, que se forma a partir de la relación, de la comunicación, de la aceptación de la diversidad y que es transformación continura y mezcla de culturas, conceptos muy diferentes de la idea de fijación sobre posiciones identitarias dadas de una vez por todas.
Laplantine escribe de manera crítica: “La representación [concepto del que también se ha abusado] y la identidad se desarrollan en conformidad con los prejuicios, con los preconceptos. No solamente no se dan cuenta del movimiento, sino que se oponen a él, al tiempo, a la turbulencia, manteniéndose fuera del pensamiento crítico. […] Porque la identidad y la representación, las dos, desconfían de la tensión entre el yo y el otro, así como de las aventuras de la lengua ; es necesario pensar que son incompatibles bien con el proyecto de la antropología, bien con el de la traducción de una lengua a otra, para las cuales hay del otro en mí y de mí en el otro »”
Propongo, pues, que nos interroguemos sobre otras dinámicas culturales y psicológicas que podamos encontrar desde el punto de vista científico, incluyendo el campo de las religiones : pienso aquí en las nociones de « diversidad », de « relativismo crítico », de « mestizaje », de « diálogo interreligioso e intercultural », de « migración », de « diáspora ».
La reflexion sobre el tema de la identidad étnica, lanzada en los años 80 del siglo pasado en el seno de la antropología francesa interesa particularmente por el hecho de que, por una parte, propone de nueva la reflexión sobre la fluidez y la « invención » continua de la cultura, de la centralidad de la relación y de la cultura como proceso de mestizaje ; por otra parte se inserta en las reflexiones relativas a la « invención » cultural de la « etnia » y a la creación en los terremos político y social de los procesos de « etnicización ». Este análisis clarifica los procesos en su dimensión histórica y conduce la reflexió a contextualizar los cambios (tanto culturales como psicológicos) en el interior de las dinámincas de mundialización y de localización donde han tenido su origen.
La noción de enganche (branchement )entre las culturas, utilizada por Jean-Loup Amselle es útil para la discusión (2001). Considerada como « condición de existencia de la comunicación intercultural », es decir, « que no hay cultura sin culturas y esto es válido para todas las épocas ; la fase de mundialización actual ha estado precedida […] de fases de mundialización precedentes; cada una de ellas ha aportado los espejos sin los que la imagen de las diversas culturas no habría podido afirmarse »
Amselle se refiere a la historia de Babel (Génesis 11, 1-9) – “imagen principal de la interpretación de las relaciones entre universalismo y particularismo” – y subraya cómo, según su opinión, “nos hemos encontrado en una especie de esquema babélico invertido. En el mito de Babel la incomunicación entre los hombres nace precisamente de la confusión de las lenguas, generadad por la yuxtaposición de diferentes comunidades humanas”, mientras que la interpretación de este relato, lejos de ver en esta confusión “un acto divino destinado a castigar a los hombres por sus ambiciones universalistas”, podría se considerado al contrario “en una perspectiva multiculturalista, como una diseminación liberadora” que permite renunciar a la unicidad cultural. En el mito de Babel, el elemento negativo está constituido, en realidad, por la confusión de lenguas que provoca la incomprensión entre los hombres.
Entre otras consideraciones, Amselle subraya cómo S. Pablo, fundador del universalismo cristiano, “es también, como los apóstoles, el creador del particularismo, en la medida en que, renunciando a utilizar el griego [la lengua común de la época], el se expresa en la lengua de la la etnia”. Por esto también“Babel et Pentecostés, en cuanto imágenes simétricas de la confusión de las lenguas y de la bajada del Espíritu Santo sobre los apóstoles, permite a la traducción [de las cultura y de las lenguas] el aparecer como la particularización del significado universal” [los apóstoles hablaban sus lenguas, mientras que cada uno los oía en su propia lengua].
En esta perspectiva, si la dinamización de la diversificación cultural debe ser comprendida positivamente como necesaria para la libertad de los seres humanos, la invención de la etnia, que no responde frecuentemente a la verdadera diversidad en la que todos y cada uno se reconocen, es un mecanismo que aprisiona la diversidad cultural en las categorías raciales y culturales incapaces de ósmosos y de diálogo. Se forman tabiques que ponen la realidad en una escayola y obligan a los individuos y a los grupos a reconocerse y a representarse, a identificarse, más allá de sus intenciones reales y de su propio interés, mientras que estas distinciones rígidas pueden ser funcionales para otras lógicas, políticas, económicas o culturales.
“ En el fondo, como nos repiten desde hace más de veinte años [diferentes sabios) y como la vida cotidiana nos lo muestra constantemente, cuando la fluidez social no puede ser dominada, cuando la gente parecen demasiado y, sobre todo, cuando se mezclan demasiado fácilmente, “alguien” interviene para poner orden: establecer quién debe parecerse a quien y quien debe ser diferente, crear fronteras, con la pretensión de que lo discreto interrumpe lo continuo” (Francesco Pompeo). (Ver también nuestras reflexiones en el Congreso de Ginebra (Suiza) en 1993, Ser otro ?- Fanatismo, integrismo, alteridad, narcisismo).
De hecho, las culturas son el fruto de mezclas continuas, de acciones repetidas y antiguas de mestizaje, y de operaciones de reidentificación provocadas por el « encuentro » y el “choc” de grrupos y de culturas diversas, en un recorte continuo de los universos culturales particulares.
Mientras que las diversas « traducciones » de las lenguas han permitido comprender e intercambiar, se han producido « esperantos », se han elaborado mitos y se han creado símbolos. Los lenguajes de los místicos han mostrado la universalidad de los caminos que conducen a la transcendencia y al diálogo interreligioso.
En sus actividades sobre el diálogo intercultural, según la UNESCO, « la riqueza cultural del mundo, es su diversidad en diálogo. Cada cultura saca de sus propias raíces pero no se desarrollo sino en contacto con las otras culturas...No se trata de identificar y de preservar todas las culturas tomadas aisladamente, sino, por el contrario, de reavivarlas para evitar su ghetificación, de salir al paso de las dericas identitarias y de prevenir conflictos... Este diálogo reviste un sentido nuevo, en el cuadro de la mundialización y del contexto político internacional que hoy conocemos. Es una herramienta indispensable para asegurar el mantenimiento de la paz y de la cohesión social del mundo ». |