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Ciudad de México, Casa Xitla del 28 de Julio al 4 de Agosto de 2019

Emigrantes, extranjeros y refugiados, habitantes de la casa común

La gran desigualdad económica que vivimos en el mundo, aunada a problemas políticos, económicos y religiosos, han ocasionado que millones de personas se desplacen de sus lugares de origen a otros países en busca de un futuro mejor, o por lo menos para poder conservar sus vidas. Es así que en nuestros días nos enfrentamos al enorme flujo de emigrantes, la mayor parte ilegales, que por diferentes medios buscan encontrar un nuevo lugar de residencia.

Por otra parte, Europa, los Estados Unidos, y los países más prósperos del mundo, reciben estos éxodos masivos de población, no siempre de manera grata. Ser extranjero ilegal no es fácil y se tienen que vivir muchas injusticias con tal de seguir viviendo o más bien dicho sobreviviendo: trabajos negros y mal pagados, prostitución, carencia de servicios elementales, etc. Sin embargo para muchas personas, salir de sus país de origen es la única opción que les queda cuando no hay fuentes de trabajo, hay guerras, o son perseguidos por causas políticas o de otra índole.

Hemos decidido reflexionar a partir del problema tan actual de la migración. No olvidemos que uno de los pilares del judeo-cristianismo es la atención al extranjero: “No maltratarás, ni oprimirás a los extranjeros, ya que ustedes también fueron extranjeros en tierra de Egipto.” (Éxodo 22, 20). “Vengan benditos de mi Padre … porque fui forastero y ustedes me recibieron en su casa.” (Mateo 25, 35).

Por otra parte, y dado el carácter interdisciplinario de nuestra Asociación, se acercò el tema de lo que implica ser “extranjero” desde diversos puntos de vista: psicoanalíticamente, teológicamente, filosófica y antropológicamente, en la literatura, en fin, en las diferentes ciencias humanas. Ser extranjero en el mundo, ser extranjeros para nosotros mismos, culturalmente, religiosamente, etc.